Los sistemas oraculares no están separados en lo terrenal y lo celestial

Los sistemas oraculares no están separados en lo terrenal y lo celestial

Mucho tiempo se ha repetido con terquedad la idea de que algunos oráculos solo abarcan asuntos del mundo material, mientras que otros, considerados más elevados, tratan cuestiones espirituales y trascendentales. Esta visión fragmentada, que presenta al caracol como un sistema enfocado en lo cotidiano y a Ifá como el único capaz de revelar lo divino y eterno, no solo es errónea desde el punto de vista teológico y funcional, sino que también distorsiona el mensaje de Olódùmarè y altera la esencia de nuestras tradiciones religiosas de origen africano.

 


El oráculo como guía del destino


Tanto Ifá como el Dilogún (el sistema de los caracoles dentro de la Regla de Osha-Ifá en Cuba) no son caminos independientes con niveles distintos de profundidad espiritual. Ambos son instrumentos sagrados a través de los cuales los Òrìṣà y Ifá transmiten enseñanzas, con el propósito de guiar al ser humano en su camino, ayudándolo a cumplir su destino (ayé e ìpín) y a alcanzar el equilibrio tanto en esta vida como en lo que trasciende.


Dividir los discursos oraculares entre lo terrenal y lo celestial es una visión que rompe con la cosmovisión tradicional, donde el destino es un concepto integral que une la existencia física, la muerte y el más allá. Esta idea de separación no proviene del pensamiento africano, sino de una interpretación influenciada por la visión occidental que opone cuerpo y alma, materia y espíritu, tierra y cielo.


Religiones para la vida


Las religiones de matriz africana no son doctrinas centradas en la muerte ni en el sufrimiento, sino creencias vivas, enfocadas en la plenitud, la estabilidad y la armonía con el entorno. Su esencia práctica se refleja en su capacidad de brindar soluciones reales a las dificultades de quienes las siguen. Por eso, todo discurso oracular es sagrado y al mismo tiempo terrenal, pues su propósito es iluminar el presente del consultante, aportándole herramientas para enfrentar su camino con sabiduría y fortaleza.

El más allá es un concepto presente en nuestra tradición, pero no ocupa el centro de la práctica espiritual, pues la prioridad es la vida en el aquí y el ahora. Los oráculos pueden hablar del futuro o de la muerte, pero siempre lo hacen desde la perspectiva de la existencia actual, porque es en este plano donde se toman las decisiones que determinan el destino.


La falsa superioridad de un oráculo sobre otro

Afirmar que Ifá es más completo porque aborda lo celestial, mientras que el Dilogún solo trata lo terrenal, es un error que empobrece la comprensión de ambos sistemas. Esta idea jerárquica ignora que ambos comparten los mismos fundamentos espirituales, los mismos Òrìṣà y un marco ético común. Ambos son portadores de àṣẹ, ambos canalizan el mensaje divino, y ambos tienen la capacidad de transformar la vida de quienes los consultan cuando son interpretados con conocimiento, ética y responsabilidad.


Además, esta visión sesgada minimiza la experiencia de quienes han encontrado en el Dilogún un camino poderoso de crecimiento y transformación. La fe no debería imponerse desde una idea de superioridad espiritual, sino validarse a través de la experiencia real de quienes la viven. Cada persona debe tener la libertad de elegir el oráculo que resuene con su camino sin ser sometida a discursos que desvalorizan una práctica sobre otra.


Conclusión

No existe un oráculo superior a otro, sino sistemas sagrados que, cuando se utilizan con sabiduría y respeto, cumplen su función esencial: orientar, prevenir, abrir caminos y dotar a las personas de herramientas para vivir con dignidad y propósito.


La separación entre lo terrenal y lo celestial no solo es una idea equivocada, sino que contradice la unidad del destino en nuestras creencias. Todos los discursos oraculares bien empleados llevan al mismo propósito: la búsqueda de la armonía, la conciencia y el equilibrio con el universo.

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